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sábado, 13 de febrero de 2016

Los trastornos del espectro autista y el periodismo de ficción

Crear noticias y ofrecerlas al mundo puede ser una actividad de alto riesgo, no sólo para los periodistas que las escriben y las empresas  que las publican, a veces también para las personas y las sociedades para las que estas (des)informaciones son escritas.

Las palabras no son sólo un canal que trasporta una supesta realidad y nos permite ver lo que ha ocurrido a miles de kilómetros; el lenguaje es además un hilo con el que tejemos algunas realidades complejas con las que aprendemos a valorar, a sentir, a pensar y a relacionarnos con nosotros mismo y con los demás.

Por eso me enfada y me duele cuando leo noticias como esta de antena 3:
La policía de Arizona mata a tiros a un joven con síndrome de Asperger que se hizo famoso en YoutubeKayden Clarke, de 24 años, sufría síndrome de Asperger, un trastorno severo del desarrollo, considerado como un trastorno neuro-biológico, que provoca que las personas que lo padecen se autolesionen

Me duele porque es rotundamente falso que el asperger o cualquier otro trastorno del desarrollo en sí encierre un riesgo de hacer daño a los demás o a uno mismo....



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lunes, 13 de abril de 2015

Entre el deseo y la impostura


Hace ya casi un mes que se estrelló un avión en los Alpes, el día 20 de este mes será el 16 aniversario de la masacre de la escuela de secundaria de Columbine. No tardaron los medios de comunicación en ninguno de éstos y otros casos similares en insinuar, relacionar o despertar la sospecha del autismo, la depresión, la esquizofrenia, etc. como elementos causantes- o al menos  como variables explicativas relevantes- de tales disparates. Casi de inmediato comenzaron  aparecer expertos psicólogos y psiquiatras en periódicos, radio y tv siendo preguntados por la relación entre los “problemas mentales” de estos asesinos y sus horribles actos.

A pesar de algunas excepciones en mayor o menor medida (bajo mi punto de vista) sensatas,  no deja de sorprenderme la falta de claridad y rotundidad por parte de estos profesionales a la hora de desvincular radicalmente estas (mal)llamadas “enfermedades mentales” de aquellos asesinatos tan salvajes.

No son éstos comportamientos patológicos, producto de la depresión, el autismo o la esquizofrenia, sino actos salvajes, canallas y complejos, actos que nos aterroriza pensarlos como propios de seres humanos “normales”, de personas que podrían estar viviendo a nuestro lado, en nuestra escalera de vecinos o, peor aún, dentro de nuestra propia piel. Son conductas que nos hacen enfrentarnos cara a cara no sólo con el dolor y la rabia, también con la angustia ante nuestra naturaleza como seres humanos, ante los genes de las razas de Caín que habitan nuestra biografía, ante la certeza de sabernos capaces de lo mejor y lo sublime pero también de la destrucción y del desastre.



Podemos entender que ante nuestra propia incertidumbre, temor y angustia intentemos encontrar motivos y trazar líneas que separen nuestro mundo y a nosotros mismos de esta brutalidad, fronteras entre lo normal y lo anormal, lo sano y lo patológico, entre la locura y la cordura,... Allí están ellos, aquí nosotros. La normalidad, una infantil y vieja trampa entre el deseo y la impostura que lejos de liberarnos, nos tiende una trampa sutil y segura.

Pero tenemos que insistir, no son estos hechos comportamientos patológicos, sino canallas y complejos, y esta complejidad no podemos despacharla atribuyendo dichos asesinatos tremendos, horribles y sin sentido a supuestas enfermedades mentales, desvinculándolos de la biografía, de los valores personales y de los contextos en que la gente vive.

Hay otras maneras de mirar estos escenarios de la catástrofe. Transmitir la absoluta certeza de que no es más probable que una persona diagnosticada por ejemplo de autismo, depresión o esquizofrenia se levante una mañana y decida matar a 20 compañeros de un colegio o estrellar el avión o el autobús que conduce. Afirmar radicalmente que, por motivos tanto epistemológicos como estadísticos, estos diagnósticos sociales no mantienen una relación causal con tales asesinatos.

Tras el dolor y la rabia inmediata ante la incomprensible barbaridad, cuando volvemos al pulso de la vida cotidiana y las fotos de las víctimas y aviones destrozados ya no ocupan las portadas, comienzan a aparecer los daños colaterales que sobre miles de personas (tal vez sin querer)  han creado algunos medios de comunicación y algunos expertos con sus explicaciones y sus relatos. No sólo por el estigma social que se genera para personas diagnosticadas de depresión, autismo, esquizofrenia,… y sus familias, también por la indefensión, el dolor y la sospecha que estas personas se imponen a sí mismas; presiones al fin y al cabo que no hacen sino aumentar innecesariamente sus (pre)ocupaciones y dificultar sus vidas, su crecimiento personal y su libertad para ser quienes son.


domingo, 25 de agosto de 2013

Quien sabe es quien lo vive (V) Viajando con un hijo TEA

Comparto hoy un pequeño "experimento" del último curso online "Formador de formadores en Turismo Accesible" en el que he tenido la suerte de participar como docente. En una de las unidades formativas decidí sacar nuestro curso a la calle y realizar una entrevista a varias personas que viven en primera persona eso de viajar con discapacidad o con familiares y amigos con intereses y necesidades no standar por distintos motivos.
En lugar de seleccionar yo mismo las preguntas, pensé que sería mucho más rico el resultado final y más interesante para lxs alumnxs si fueran ellos los que realizaran las distintas cuestiones. Con el fin de recoger sus intereses y preguntas elaboré este formulario con google docs.   El resultado fue un buen número de comentarios y cuestiones, mucho más interesantes que las que yo podría haber pensado a solas,  sobre las que charlar con nuestro entrevistado, todas ellas desde los intereses y las experiencias del grupo de alumnxs, la mayoría de ellos profesionales del turismo y el ocio.

Para esta experiencia pude contar con la ayuda de mi amigo Tomas Boyano, al que le debo muchas de las cosas aprendidas sobre la discapacidad intelectual y una forma más humana de mirar la economía.

Aquí una breve presentación en primera persona de Tomas Boyano.
"Me llamo Tomás Boyano Sanz. Soy economista, casado y padre de dos hijos mellizos de 12 años: Carmen y José. Mi hijo es TEA (trastorno del espectro autista) y por ese motivo toda la familia pertenecemos a la Asociación Provincial de Autismo Jaén “Juan Martos Pérez”. El autismo es un trastorno invisible en la larga distancia y agotador en la corta. Los cuatro hemos viajado mucho en estos 12 años, con variadas experiencias en nuestras estancias. En los viajes que hacemos, los cortos y los largos, apenas nos aburrimos, habiendo aprendido a perder la vergüenza, la propia y la ajena."

Y más abajo un enlace a la entrevista. Para facilitar su visionado la dividí en varios partes, en cada una de ellas se responde a una pregunta o un tema común. Como veréis ni la calidad ni la edición es profesional ni de mucha calidad, pero creo que Tomas aporta algunas ideas muy interesantes desde su experiencia que nos pueden ser útiles y hacernos reflexionar.


miércoles, 13 de febrero de 2013

Irresponsabilidad Social Y Corporativa


Hay un uso perverso del lenguaje en el que es fácil caer, tanto si eres el que hablas como el que escuchas. Es un juego al  que todos jugamos pero en el que no todos tenemos la misma responsabilidad. Es una forma de hablar que encaja a la perfección con el lenguaje común y con las formas de pensar y entender la vida y el ser humano que hemos creado a base  de repetir(nos) lo que queremos oír, a fuerza de construir con nuestras palabras una realidad de falsas certezas, de límites claros, sin matices, para poder así situarnos la mayoría en el lado de lo normal, tan confundido siempre con lo correcto o con lo bueno. Y poder vivir tranquilos.  
No podemos soportarnos, no aguantamos la inevitable incertidumbre ni nuestra bendita vulnerabilidad y necesitamos crear un universo de lo anormal ajeno a nosotros  para sentirnos más seguros en nuestro autoengaño, para protegernos de nosotros mismo. Somos expertos escapistas de  nuestro self. 

Escribo esto revisitando una de las noticias que nos sorprendieron el pasado mes de diciembre: “Un hombre de 20 años irrumpe en una clase de una escuela, en Connecticut, y mata a una veintena de alumnos antes de quitarse la vida. También mueren la directora del centro y el psicólogo. Antes de asistir al centro había matado a su madre en el domicilio familiar. El tiroteo deja en total 27 muertos, 20 de ellos niños de entre cinco y diez años” 
Estos fueron los hechos, sin embargo éstas fueron las maneras en que algunos medios lo presentaron. Sin duda un buen ejemplo del uso perverso que hacen de la comunicación periodistas y expertos de tres al cuarto!!!

Por más que lo repitan, por más que las palabras insinúen que el autismo es una enfermedad peligrosa, no es ni una cosa ni otra, ni es enfermedad ni entraña semejantes riesgos. Rotundamente no. No estoy haciendo ningún acto de fe, no pretendo defender  a un grupo de personas por estar en una situación de desventaja, no estoy jugando  a ser aliado de nadie. Esas insinuadas afirmaciones son simple y rotundamente mentira.   

No trata este post de analizar el error conceptual de buscar en el interior causas fáciles, mecánicas y simplistas para explicar lo complejo o lo inexplicable. No se trata ahora de  señalar los peligros de un individualismo y un reduccionismo biologicista que en sí mismos no explican nada y que sólo sirven para adormecer nuestras conciencias, para lavarnos las manos y no aceptar la responsabilidad que tenemos ante estos hechos como padres, como hermanos, como políticos, como psicólogos, como docentes, como ciudadanos, como vecinos,… 

Casi dos meses después de ese día, quiero llamar la atención sobre dos hechos:

1. Sí parece haber un elemento común (no estoy afirmando que haya una relación causa-efecto) en la mayoría de episodios de masacres en centros escolares: Al menos 31 tiroteos y/o actos violentos en las escuelas de USA (con el resultado de 162 herido y 172 muertos) fueron cometidos por personas que estaban tomando o cesando la ingesta de drogas psiquiátricas prescritas a niñxs y jóvenes para tratar “cosas” como depresión,  trastornos obsesivos compulsivos, problemas de ansiedad social, TDAH,… En estados Unidos organizaciones como Citizens Commission on Human Rights International intentan llamar la atención sobre estos hechos y piden a su gobierno que inicie una investigación federal para estudiar los vínculos entre el consumo de estas drogas y los múltiples episodios de violencia sin sentido.

2. En su día, la Confederación AUTISMO ESPAÑA manifestó mediante este comunicado su disconformidad con las informaciones publicadas por diversos medios de comunicación. Sin embargo ¿cuál ha sido la respuesta de los colegios profesionales de psicólogos y médicos ante el último episodio de gran violencia en la escuela infantil de Connecticut? A raíz del tratamiento que la noticia tuvo por parte de algunos medios de comunicación, conociendo el paso atrás que ello implicaba y los efectos negativos que eso tiene para las personas diagnosticadas con algunos tipos de problemas del desarrollo o de “salud mental”, (y por tanto para mí , para ti o tu amigos, para tu familia o tus hijos por venir ¿O acaso piensas que estas cosas son de otro mundo y tu entorno es inmune a las cosas del vivir?) me pregunté cuál sería la respuesta oficial de organismos como el Colegio Oficial de Médicos y el Colegio Oficial de Psicólogos, al que pertenezco. 
Esperaba ver una reacción rápida e inteligente,  consecuente y comprometida, que pusiera negro sobre blanco algunos aspectos, denunciando a esos medios y esa forma de hacer noticias, dejando bien claro que el autismo no está relacionada de ninguna manera con ese tipo de actos salvajes, protegiendo a estas personas y dándoles alivio y seguridad  a muchas familias que confían y necesitan de su buen hacer y de sus palabras. A día de hoy no he podido encontrar en la red ese posicionamiento oficial. (Si alguno de los que me leéis lo habéis encontrado, no dudéis en decírmelo. Estaría encantado de retirar estas palabras y las siguientes y pedir disculpas por mi crítica y mi error)

Soy psicólogo y creo que en la psicología seria y sin complejos. Al mismo tiempo  rechazo una forma de hacer psicología más centrada en su oficio y en la “enfermedad”  que en las personas. Rechazo una forma de hacer psicología  que contribuye a perpetuar el estado de las cosas que no están bien, que elude su poder de innovación y transformación social. Necesitamos de colegios profesionales que sirvan para algo más que salir como expertos en los telediarios, para explicar sin explicar y repetir lo evidente, que ayuden a generar un enfoque diferente de lo diverso, y de lo extraño para la mayoría, un nuevo pensamiento común diferente que no demonize los problemas del desarrollo o las “enfermedades mentales”. 

Creo que muchos ilustres colegios profesionales deberían mirarse estas cosas. 

Mientras tanto, podremos hablar de estas prácticas como buenos ejemplos de IRRESPONSABILIDAD SOCIAL CORPORATIVA.


Nota: Ninguna persona que esté tomando cualquier tipo de medicación psiquiátrica debe dejar de tomarla sin la supervisión de su doctor.